Como todas las mañanas, el hombre caminaba rumbo a su trabajo por una calle paralela a avenida Francisco de Aguirre al 1.200. Era un trayecto de rutina para él, según le contó luego a la Policía. Pero ayer vivió algo que quedará grabado para siempre en su memoria.
En medio de unos pastizales, a pocos metros de la vereda, estaba el cuerpo de un hombre. Tenía la cabeza destrozada, y un gran charco de sangre era un indicio claro de que algo grave había ocurrido. Los investigadores no tardaron en confirmar esto: la víctima había sido asesinada con alevosía, posiblemente por dos o más individuos que utilizaron una enorme piedra para cometer el crimen. Lo que aún no se sabe es quiénes perpetraron el ataque y por qué.
El hallazgo se produjo cerca de las 9, a pocos metros del acceso norte de la capital.
El testigo -cuyo nombre no fue proporcionado por la Policía- se comunicó lo antes que pudo con personal de la seccional 5ª. Cuando los agentes, supervisados por el comisario Heberto Cortez, corroboraron la situación, convocaron a los expertos para que se realizaran las pericias en el lugar del hecho.
Agentes de la División Homicidios y Delitos Complejos, a cargo del comisario Miguel Gómez, de la sección Robos y Hurtos, al mando de los comisarios Miguel Luna y Humberto Ruezga, y el ayudante fiscal Carlos Bustos Morón, bajo las órdenes del fiscal de feria, Arnoldo Suasnábar, acudieron al lugar para recoger pistas. Los investigadores se encontraron con un primer problema. "En primera instancia, no hay testigos del hecho. Hay pocas viviendas a algunos metros de allí, pero nadie vio nada ni escuchó nada", señaló una fuente cercana a la pesquisa.
El cuerpo, además, estaba destrozado. La víctima no tenía consigo ninguna identificación ni nada de valor. Además, no había denuncias sobre personas desaparecidas con sus características físicas: contextura delgada, estatura baja y tatuajes en diferentes partes del cuerpo, entre otras. Por ello, se dispuso su traslado a la Morgue para identificarlo mediante la comparación de huellas dactiloscópicas con los archivos de la División Antecedentes Personales.
Poco después del mediodía, se supo que se trataba de Miguel Alfredo Fernández, de 35 años, quien se domiciliaba en calle Maipú 2.428, a unas seis cuadras del lugar donde fue hallado su cuerpo.
"No sabemos qué ha pasado. Anoche había salido con un chico vecino en la moto. Esta mañana yo fui al banco a hacer trámites y él no había regresado. Nadie sabía dónde estaba. Y luego vino la policía a decirnos que estaba con la cabeza destrozada, hecha pedazos a pedradas", señaló Elisa Marta Garanzini, madre del joven asesinado.
La mujer no tiene ninguna hipótesis sobre lo que ocurrió. "No sabemos si tenía problemas con alguien. La otra vez nos atacaron la casa hasta los policías, y después ese video anduvo por internet como burla. Querían sacar uno de mis chicos porque decían que había robado en no sé qué parte, y él no era", dijo.
La filmación a la que hizo referencia Garanzini registró el momento en que allegados suyos se enfrentaron a pedradas con agentes de Patrulla Motorizada, que también efectuaron disparos con postas de goma hacia la propiedad. El hecho se produjo en octubre del año pasado.
De todas formas, la mujer aclaró que su hijo no había hecho nada malo. "El tenía dos hijitas, y desde hace cinco años, cuando su señora falleció por una enfermedad, tuvimos que hacernos cargo entre todos de ellos. Para colmo, él también tenía un tumor en la boca. Estaba muy enfermo", dijo. Además, pidió que el caso se esclarezca.
En ese sentido, los investigadores sospechan que podría tratarse de un ajuste de cuentas. Por ello, solicitaron la planilla de antecedentes de Fernández. Allí, creen, podría estar la clave. Incluso, ya tienen dos nombres de posibles sospechosos, según los pesquisas.